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El término olmeca se utiliza para designar a una cultura arqueológica que tuvo su apogeo en el Preclásico Medio (1200-400 a.C.). El gran asentamiento olmeca más antiguo fue San Lorenzo, tras cuyo declive su lugar fue ocupado por LaVenta, al que siguió Tres Zapotes. Las investigaciones recientes han demostrado que su desarrollo no se circunscribió a la llamada área nuclear y hasta han sugerido la posibilidad de que algunos aspectos característicos de lo olmeca hayan aparecido primero entre grupos de otras regiones, como Chiapas y Oaxaca. 

La palabra "olmeca" significa "habitantes de la región del hule" y fue utilizada por los mexicas para nombrar a varios pueblos, étnica y lingüísticamente diversos, que ocuparon la región de Veracruz y Tabasco a través de los siglos. El nombre que se daban a sí mismos a quienes llamamos olmecas se desconoce. Esta cultura duró siete siglos y medio y pertenece al horizonte preclásico (2 500 a. de N.E. a 200 d. de N.E.) del pasado mesoamericano.

Entre las contribuciones que han llevado a considerar a la olmeca como la “cultura madre” de Mesoamérica se encuentran: los primeros edificios ceremoniales, construidos de acuerdo con un plan bien determinado; la estructura social, capaz de organizar grandes obras; el primer y bien definido estilo artístico, plasmado lo mismo en pequeños objetos que en colosales esculturas; el dominio de la talla de piedras de gran dureza; un ritual fundamental: el juego de pelota; así como el desarrollo de sistemas calendáricos y de escritura.


Área nuclear olmeca

Con todo y que la cultura olmeca tuvo una difusión que alcanzó la mayor parte de Mesoamérica —excepto en la región de Occidente, que siguió un desarrollo cultural más o menos autónomo hasta finales del Preclásico—, una de las regiones donde se han encontrado las evidencias más claras de la presencia de esta cultura es la parte sur de la Llanura Costera del Golfo, comprendida entre los ríos Papaloapan y Grijalva, que corresponde a la mitad norte del Istmo de Tehuantepec. Actualmente, esta zona corresponde al sureste del estado de Veracruz y el poniente de Tabasco. Se trata de una zona de un clima cálido y muy húmedo, condiciones climatológicas que seguramente poseyó también en la antigüedad precolombina.


El área nuclear olmeca es irrigada por caudalosos ríos que bajan de las estribaciones de la Sierra Madre de Oaxaca y la Sierra Madre Oriental, como el Coatzacoalcos, San Juan y Tonalá. Debido a la humedad de la zona y de las fuentes de estos ríos, en temporada de lluvias los desbordamientos de las corrientes son una constante. Aunque en la actualidad la vegetación de esta región de la República Mexicana ha sido ampliamente modificada por la acción del hombre, antiguamente estuvo recubierta por una espesa selva tropical, que era el hábitat de numerosas especies que en la actualidad se encuentran a punto de desaparecer en el territorio mexicano, entre ellas el jaguar, las aves de plumajes preciosos como guacamayas y quetzales; reptiles de diversas especies, y mamíferos como el jabalí y el tapir


Historia


Las húmedas tierras del sur de Veracruz y el oeste de Tabasco fueron el escenario en donde la cultura olmeca se expresó con mayor intensidad. La mayoría de la escultura monumental conocida –cabezas colosales, altares o tronos, estelas y otros monumentos esculpidos en piedra– fue encontrada en esa región. En un lapso de poco más de 800 años (entre 1200 y 400 a.C.), en este rico ambiente surgieron, se desarrollaron y finalmente decayeron los sitios olmecas más importantes que hoy en día se conocen, como San Lorenzo, Laguna de los Cerros, La Venta y Tres Zapotes. Aunque todavía no se conoce el número preciso de sitios arqueológicos del área, la densidad de población olmeca era bastante alta. La mayoría de las poblaciones se ubicaron en colinas bajas o mesetas, cerca de los ríos, lo que permitió el acceso inmediato a las fértiles tierras inundables.


San Lorenzo

El centro olmeca más antiguo registrado es el de San Lorenzo (1150 a. C. aprox.), situado en la cuenca del río Coatzacoalcos, en el estado de Veracruz. El inicio del florecimiento de la cultura olmeca en este sitio comenzó alrededor del año 1150 a. C., época de la que datan la mayor parte de las esculturas y elementos arquitectónicos que caracterizan a la cultura olmeca, muchos de los cuales se conservan en el sitio. San Lorenzo fue saqueado en el año 900 a. C., y las esculturas monumentales sufrieron un intento de destrucción; algunas se enterraron, y otras fueron trasladadas al centro ceremonial La Venta.


La venta

La Venta es el centro ceremonial más grande y más importante de la cultura olmeca, localizado en el actual municipio de Huimanguillo, en el estado de Tabasco, se ubica en un islote rodeado por ríos y zonas pantanosas, y está trazado sobre un eje Norte-Sur. En La Venta se han encontrado un gran número de tumbas con ajuares muy ricos, con cerámica y figurillas de piedra. También se han encontrado cabezas colosales y tronos. Se cree que pudo llegar a albergar hasta a 18.000 habitantes. Sufrió una gran decadencia y fue abandonado y destruido, aunque se desconocen los motivos.


Tres Zapotes

El centro ceremonial de Tres Zapotes fue el último en desarrollarse. Es el más conocido porque fue el que sobrevivió hasta una época más cercana, pero la civilización olmeca que se desarrolló aquí fue una cultura ya en decadencia, no el esplendor que vivió en los centros ceremoniales anteriores.
Estos centros ceremoniales tenían función de ciudades, y en ellos se construyeron edificaciones de tierra y adobe, por lo cual han perdurado pocos restos. Se construyeron montículos con templos en la parte superior, lo que se podía considerar como un precursor de las pirámides mesoamericanas. También construyeron edificaciones en torno a patios centrales, característicos de las civilizaciones posteriores en la zona. Desde el 900 a. C. existen pruebas de bruscos cambios políticos; como muestra, el intento de destrucción de algunas de las cabezas olmecas


Religión


Su religión desarrolló todos los temas importantes encontrados en los cultos posteriores. Tenían una religión politeísta, gran número de sus dioses eran relacionados con la agricultura y otros elementos como el sol, el agua, los volcanes, etc.
El centro de su religión es el culto al jaguar, y aparece representado en la iconografía olmeca. Se le representaba con la característica boca olmeca, de forma trapezoidal, con las comisuras hacia abajo y el labio superior muy engrosado. En muchos casos con colmillos muy pronunciados, adornos supraciliares y el cráneo hendido. Siempre aparece representado de la misma manera. No se sabe qué tipo de dios pudo ser. Se cree que pudo ser el origen del dios de la lluvia, que se desarrollará posteriormente en muchos puntos de Mesoamérica.

Hay muchos animales considerados dioses, como el caimán, sapos, reptiles, todos animales de la zona. Normalmente, aparecen mezclados entre ellos, cabezas de unos y cuerpos de otros, creando seres mitológicos. En ocasiones para sus representaciones religiosas tienden a la abstracción, con lo cual no se sabe exactamente qué pudo significar.

Se cree que pudo ser una religión dinástica, sus dioses estarían relacionados directamente con los gobernantes, con los señores de los centros ceremoniales, gobernantes con poderes sobrenaturales, descendientes directos de las divinidades.
Es una religión compleja, que no se ha conseguido descifrar aún. Pero se cree que pudo tener toda una doctrina aceptada por el pueblo, para justificar, explicar y legitimar a los linajes gobernantes, las desigualdades sociales, las fuerzas sobrenaturales y establecer vínculos entre éstas y los gobernantes. La religión estaría institucionalizada, con un cuerpo doctrinal y su panteón. De esta forma también los líderes gubernamentales utilizaban un símbolo de una figura de animal para identificarse



Cultura

Ya que la cultura olmeca fue la primera civilización en Mesoamérica, se afirma o se especula que muchos logros mesoamericanos tuvieron lugar por primera vez en el seno de su cultura. Entre otras cosas, se acredita a los olmecas el desarrollo del juego de pelota, el calendario, la escritura y la epigrafía.
Se cree que los olmecas fueron los primeros en desarrollar una escritura jeroglífica para su lenguaje, en 2002 se descubrió un caso que data de 650 a. C., y en 2006 otro de 900 a. C.,lo cual supera en antigüedad a la escritura zapoteca, y convierte a la escritura olmeca en la más antigua del hemisferio occidental. Se han encontrado ciertas representaciones en algunas estelas que podrían ser petroglifos, y según algunos historiadores cuenta la vida de un gobernante, pero todavía no tiene la unanimidad de la comunidad internacional.
La olmeca fue una sociedad en la que la organización política y la cosmología alcanzaron una elaboración sin paralelo hasta entonces. El estilo olmeca se distingue por una serie de motivos simbólicos y otros rasgos estilísticos que, en su gran mayoría, reflejan la existencia de una organización política en la que el elemento central era la legitimación del gobierno por medio de su pertenencia al ámbito de lo divino.


Arte olmeca


El arte olmeca era muy complejo, tiene muchos elementos que aún se están investigando. Los más importantes y conocidos son posiblemente las Cabezas colosales Olmecas, que son un ejemplo de escultura monumental y una de sus mejores representaciones artísticas. Se cree que pueden representar a guerreros o a jefes. Se conocen 17 ejemplares, la mayoría de ellos repartidos entre el Museo de Antropología de Xalapa y el Parque Museo La Venta.


Una característica llamativa de estas cabezas colosales es la marcada apariencia negroide, lo que ha llevado a diferentes conjeturas. Se han lanzado hipótesis, después rechazadas, que sugieren algunos contactos interoceánicos en tiempos antiguos. Las nueve primeras cabezas que se encontraron, estaban primero en San Lorenzo, y se trasladaron a La Venta, donde fueron enterradas. Se cree que podrían representar cabezas de enemigos, de ahí el enterramiento; o de jefes, y se enterraron cuando éstos murieron. Se cree que podrían tener rasgos idealizados, felinos, y de ahí ese aspecto. También se cree que son guerreros y no dioses por los cascos que llevan. Fueron construidas con basalto traído desde grandes distancias. Pesan varias toneladas, y miden hasta tres y cuatro metros de altura. En los lugares donde se establecieron los Olmecas había muchos animales y plantas que les sirvieron para alimentación, pero también aprendieron a cultivar maíz, frijol y calabaza que aseguraban comida para todos y ya no había necesidad de ir de un lugar a otro.

Es tal la cantidad de escultura monumental en el área del golfo, que se puede señalar que allí se originó esa práctica cultural. Hacia 900 a.C. era una tradición que se había extendido hacia otras áreas, en las que existían ejemplos de escultura monumental. Las llamadas cabezas colosales parecen ser exclusivas de la zona nuclear. Estos grandes monolitos, de los que se conocen 17, representaban a gobernantes con el suficiente poder para legitimar de modo tan espectacular su poder y proclamar su rango.
Entre las plantas que consumían se encuentran numerosos árboles frutales como la guayaba y el zapote.


Entre los animales que les servían para alimento estaban los tlacuaches, monos, guajolotes, venados, tapires, pavos silvestres, peces, mariscos y aves acuáticas. Es probable que también criaran abejas para obtener miel.
Los olmecas realizaron más esculturas de este tipo, como El luchador olmeca, que muestra un personaje barbado, con brazos y piernas doblados, lo que le da un aspecto realista único en todo el arte prehispánico. También hay otras obras importantes como El enano de jadeíta o El Señor de las Limas. Esta última escultura lleva entre los brazos a un niño, que en realidad se cree que es una divinidad, con rasgos propios del hombre-jaguar, al que se ha llamado erróneamente baby-face (cara de niño), y probablemente representa el nacimiento del dios jaguar.

Hay otro tipo de escultura, los altares, que son bloques trapezoidales, con representaciones religiosas esculpidas en los laterales, y tienen un agujero del que sale un personaje, que tiene la forma de una boca de dragón o jaguar, que probablemente represente el nacimiento de un dios desde el inframundo.
Se han encontrado en esa misma zona elementos de alfarería, figurillas y fragmentos cerámica que corresponden al periodo de crecimiento entre el año 1500 y el 1150 a. C. La cerámica es lo más pobre de la cultura, normalmente monocroma, y sin una gran variedad de tipología. De color negro y sin decoración elaborada. El uso del basalto y de la obsidiana comenzaron a destacarse en esa época. Se constata el uso de cuarzo, piritas y todas las piedras duras. También se usaron otro tipo de piedras, como el jade, para realizar máscaras funerarias.



CERROS SAGRADOS OLMECAS 
MONTAÑAS EN LA COSMOVISIÓN MESOAMERICANA

Toda montaña, y hasta los cerros pequeños, tiene cualidades sagradas. Sin embargo, en cualquier paisaje regional ciertas montañas son consideradas más importantes por los habitantes, ya sea por sus características físicas o por su papel en las mitologías de la comunidad. Hubo peregrinaciones para venerar algunas montañas en particular, y a veces se les distinguió con altares o erigiendo monumentos labrados en piedra o alguna ofrenda especial. La categoría simbólica no se limita a las montañas reales, visibles en el paisaje natural, sino que fue práctica común, en la Mesoamérica prehispánica, integrarlas a los asentamientos por medio de la construcción de pirámides o “montañas artificiales”. En los registros arqueológicos hay ejemplos de representaciones de montañas a escala; uno de ellos son las efigies de volcanes en los patios de casas excavadas en Tetimpa, Puebla, del Preclásico Tardío, excavados por Gabriela Uruñuela y Patricia Plunket.
En Mesoamérica, las creencias respecto de las montañas y sus espíritus podrían remontarse, tal vez, a los periodos Paleoindio y Arcaico. La evidencia arqueológica irrefutable más temprana de veneración a las montañas proviene del Preclásico. En este artículo nos ocuparemos de tres tipos y escalas de montañas sagradas en el mundo olmeca: a) montañas naturales con restos arqueológicos que indican su importancia sagrada para los olmecas, b) “montañas artificiales” dentro de los asentamientos olmecas y c) esculturas labradas en piedra que podrían representar montañas sagradas. Nuestros ejemplos provienen de San Lorenzo, Veracruz; La Venta, Tabasco, y Chalcatzingo, Morelos, sitios del Preclásico, o de sitios cercanos a ellos.


LOS PRIMEROS PETROLEROS

Los olmecas fueron los primeros mesoamericanos en recoger y procesar el petróleo que brotaba de los yacimientos naturales (comúnmente llamado chapopote, asfalto o betún), así como en utilizarlo para la ornamentación y sellado, como pegamento y en otros usos aún desconocidos. Entre los olmecas, el chapopote era usado para sellar acueductos de basalto y las embarcaciones; como decoración de figurillas y en mangos de cuchillos; y como material de construcción, pues se utilizaba como recubrimiento de pisos, y tal vez de muros y techos.
Gran parte del comercio regional, la comunicación, el transporte y la subsistencia de los olmecas se hacía por vías acuáticas (Ortiz Pérez y Cyphers, 1997), y por ello era crucial que sus embarcaciones fueran eficientes; es por esto que el uso más importante del chapopote estaba relacionado con el sellado de las embarcaciones.


EL CHAPOPOTE
El chapopote es el remanente de ciertos aceites crudos luego de la eliminación de sus componentes volátiles; en términos químicos, es una mezcla de hidrocarbonos naturales complejos y elementos oxidantes. El chapopote brota espontáneamente de yacimientos ubicados en la planicie costera del Golfo de México o mar adentro. En la zona olmeca, los yacimientos de chapopote se concentran solamente en las zonas bajas del este, que incluyen los sitios de San Lorenzo, Veracruz, y La Venta, Tabasco. En estos lugares, el chapopote se recogía directamente de los yacimientos, de la superficie del agua de ríos y estanques, o bien como nódulos arrastrados por el mar hasta las playas.
Algunos hidrocarbonos del chapopote pueden utilizarse como biomarcadores moleculares y nos sirven como “huellas digitales” del material, al hacer la cromatografía de gas y la espectroscopía de masa (gc/ms, por sus siglas en inglés) (Guzmán Vega et al., 2001). Estos análisis de gc/ms de los yacimientos y el chapopote arqueológico de unos cuantos sitios olmecas (patrocinados por la Foundation for the Advancement of Mesoamerican Studies Inc., famsi) nos muestran que los olmecas recogían chapopote de diversos yacimientos locales bien diferenciados (Wendt y Shan Tan Lu, 2006). Análisis recientes muestran que las comunidades olmecas fueron parte de diferentes redes de abasto, lo cual refleja sistemas regionales complejos de intercambio e interacción. Sitios como San Lorenzo, por ejemplo, tienen chapopote arqueológico químicamente semejante, procedente de distintos yacimientos, lo cual indica la presencia de al menos tres redes de intercambio regionales diferentes. Estos patrones podrían indicar también cierto grado de autonomía en el abasto del chapopote, obtenido por particulares en los yacimientos para satisfacer necesidades personales o colectivas.


COSTUMBRES MORTUORIAS OLMECAS






En el área nuclear olmeca se han registrado prácticas mortuorias en cuatro sitios: La Venta, en Tabasco; El Manatí, San Lorenzo y Loma del Zapote, en Veracruz.
El caso de La Venta es de 1942, cuando Matthew Stirling y Philip Drucker, pioneros de la arqueología olmeca, realizaban excavaciones en el montículo A-2 del centro ceremonial, durante su primera temporada de campo en el sitio. Ahí descubrieron una tumba cuyas paredes y techo constaban de columnas de basalto. En el piso de la tumba hallaron los restos óseos de dos sujetos en muy mal estado de conservación, recubiertos de pigmento rojo; en cada caso, los pocos fragmentos de hueso largo y un diente decidual fueron atribuidos a un individuo juvenil. Casi cuatro metros al sur de la tumba, Stirling y Drucker descubrieron lo que denominaron un sarcófago: una caja rectangular de piedra (282 cm de largo, 96 cm de ancho y 89 cm de altura) y su respectiva tapa. En la parte exterior, en uno de sus extremos, la caja tiene grabado el rostro de un jaguar o saurio. En el interior había objetos de jade (dos orejeras, una figurilla antropomorfa y dos pendientes), pero sin vestigio alguno de restos óseos; no obstante, los objetos mostraban un acomodo similar al que ocuparían en el cuerpo de un individuo.



El Manatí, al sur del estado de Veracruz y 20 km al sureste de San Lorenzo, es célebre por la singularidad de los hallazgos realizados por los arqueólogos Ponciano Ortiz y Ma. del Carmen Rodríguez. En lo que fue el lecho de un antiguo arroyo abastecido por un manantial al pie del cerro El Manatí, los investigadores localizaron ofrendas depositadas durante varios momentos a lo largo de 400 años. Para 1200 a.C., las ofrendas constaron de pelotas de hule, bustos de figuras humanas elaboradas en madera –cuyos rostros muestran el inconfundible estilo artístico olmeca (piezas únicas en el corpus escultórico de dicha cultura)– y también restos humanos de infantes posiblemente neonatos. Los cuerpos de los infantes mostraban distinto acomodo. En dos de ellos, los restos óseos se hallaron en correcta posición anatómica, propia de un individuo completo, mientras que en otros estaban disgregados, esto último posiblemente como resultado de la desarticulación intencional llevada a cabo por los olmecas. La presencia de restos humanos como parte de las ofrendas ha sido interpretada por quienes estudiaron el contexto como una posible evidencia de sacrificio ritual.
San Lorenzo es el centro regional olmeca más antiguo (1200-850 a.C.). En 1994, gracias al Proyecto Arqueológico San Lorenzo Tenochtitlán, dirigido por la arqueóloga Ann Cyphers, se localizó evidencia de un osario (depósito de varios individuos, no necesariamente completos, en el que predomina la desarticulación y dispersión de los segmentos corporales) cubierto por abundante cerámica y con al menos seis individuos. Las características biológicas de la muestra ósea sugieren una selección de individuos según su edad, pues sólo hay sujetos adultos, y quizás también por sexo, aunque esto último no pueda afirmarse, pues sólo en dos casos fue posible determinar que eran masculinos. Tras su muerte, los cuerpos fueron desarticulados, tarea que se realizó en otro lugar, donde también se habrían seleccionado las partes anatómicas que se colocaron en el osario. La ceremonia fue cuidadosamente preparada y ejecutada. Las implicaciones simbólicas y sociales de semejante ceremonia están en estudio por quien esto escribe.

LA JADEÍTA Y LA COSMOVISIÓN DE LOS OLMECAS


Un rasgo distintivo de los olmecas fue su gran aprecio por el jade, que trabajaron con un grado notable de destreza y perfección. A pesar de ser una piedra muy dura y densa, el jade fue labrado y pulido por los olmecas hasta adquirir el brillo de un espejo. El jade preferido por los olmecas, y por todos los pueblos mesoamericanos posteriores, no fue el jade nefrita de los antiguos chinos, sino la jadeíta. La jadeíta, comparada con el jade nefrita, es mucho más dura y con tonos más variados y brillantes que incluyen el verde esmeralda brillante, el amarillo e incluso el morado. Tal vez el jade más apreciado por los olmecas fue el verde esmeralda translúcido, piedra que los aztecas posteriormente llamaron quetzalitzli, término que se refiere tanto a su semejanza en color con las plumas de quetzal como a su transparencia semejante a la de la obsidiana, itzli. También gustaban particularmente de la jadeíta verde mar o azul turquesa, que con frecuencia ahuecaban o labraban hasta obtener puntas y bordes para que fuera aún más transparente. Aunque el debate acerca del origen del jade ha dado lugar a las más diversas especulaciones y discusiones, reconocimientos en campo recientes han mostrado que el origen del material se encuentra en la parte central de la región del valle de Motagua, en el oriente de Guatemala. Hasta donde conocemos, esa región sigue siendo la única fuente de jadeíta en Mesoamérica.




HACHAS DE JADE
Las excavaciones dirigidas por los arqueólogos Ponciano Ortiz y María del Carmen Rodríguez en el manantial de El Manatí, Veracruz, han mostrado que el jade se encuentra en la región olmeca en fechas tan tempranas como 1500 a.C. Ahí se localizaron, en el contexto de la fase olmeca Ojochi, hachas bellamente labradas y un collar con cuentas de jade translúcido azul verdoso. Aunque objetos presuntamente hechos de jade se representaron como joyería en monumentos olmecas tempranos de San Lorenzo (ca. 1150-900 a.C.), el jade es escaso en este sitio. El jade finamente trabajado no aparece en abundancia sino hasta el Preclásico Medio, en el sitio olmeca de La Venta (ca. 900-500 a.C.). Una de las formas más comunes del trabajo en jade son las hachas con forma de pétalos; es decir, elegantes hachas que parecen pétalos de flores por su diseño, con el filo en el lado más ancho. Es verosímil que estas hachas de jade pulido fueran la forma usual para comerciar e intercambiar el jade; así podían verse el color, las fisuras y otras marcas en la superficie pulida y también podía apreciarse de inmediato su transparencia en los delgados bordes de las navajas. A partir de estas hachas se podían labrar estatuas y joyas, incluidos pendientes ahuecados con forma de concha o las curiosas “cucharas” olmecas, que se hacían cortando sobre el eje longitudinal de las hachas. Este trabajo de lapidaria fue extremadamente laborioso y es evidente que el valor de las piezas derivaba en gran medida de la habilidad y esfuerzo invertidos en su elaboración.
Entre los olmecas, las hachas de jade estuvieron estrechamente relacionadas con el simbolismo del maíz y la fertilidad agrícola. Esta importancia simbólica, como en el caso de las hachas finamente labradas en Europa durante el Neolítico, deriva en parte del hecho de que se usaran para desbrozar la maleza y preparar los terrenos para el cultivo. Mientras que en la antigua Europa se cultivaba trigo y cebada, el principal cultivo de los los olmecas del Preclásico Medio fue el maíz, planta cuya mazorca se asemeja a la forma y el color de las hachas de jade. Un grupo de hachas de jade con incisiones, atribuidas al sitio olmeca de Arroyo Pesquero, muestra imágenes del dios olmeca del maíz; si bien esta deidad tiene muchas formas, el dios olmeca como maíz maduro normalmente muestra una hendidura en la cabeza de la que surge una mazorca. Toda la cabeza del dios del maíz simboliza una grano de maíz con la mazorca surgiendo del centro de la planta verde. En un gran número de hachas incisas, el dios olmeca del maíz aparece rodeado por cuatro mazorcas en forma de hacha en las orillas. Como ya lo ha señalado Frank Kent Reilly, esta composición recrea el cosmograma olmeca formado por una barra y cuatro puntos; el dios del maíz constituye la barra central vertical, como eje del axis mundi. El dios olmeca del maíz al centro de un cosmograma de cuatro esquinas se relaciona tal vez con la muy difundida metáfora del mundo creado y ordenado a la manera de una milpa con cuatro lados.





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1 comentarios:

  1. Anónimo says:

    necesito la LENGUA eso es lo único que les falta plis!!!!!!

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